Sembrador de la palabra

El poeta mexicano Roberto Reséndiz Carmona visitó el Instituto Milenio Villa Allende y habló sobre sus inicios en la poesía, el Encuentro Internacional de Poetas que organiza en Zamora y la relación de los jóvenes con la palabra.


Roberto Reséndiz Carmona confiesa que nunca fue buen alumno. Al contrario, afirma, “era muy hiperactivo”. Lo que no sabía en aquel entonces es que ese fuego interior que alentaba su espíritu inquieto y que tantos regaños le valió en la infancia, de grande lo convertiría en uno de los poetas y promotores culturales más apreciados de México.

Nacido en Zitácuaro, en 1954, de niño escribía encendidas cartas a sus amores no correspondidos que luego dormían en el buzón de una casa abandonada. Más tarde se recibiría de cirujano dentista, pero la pasión por la poesía nunca lo abandonó.

Autor de más de veinte publicaciones y merecedor de unas cuantas distinciones, Roberto Reséndiz Carmona no se sabe ningún poema de memoria, pero ha recorrido América y Europa con sus obras y ha sido traducido al italiano, francés, inglés, árabe, griego, portugués y sueco.

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Ha dado recitales individuales y colectivos en Argentina, México, España, Colombia, Italia, Chile, Ecuador, Perú, Cuba, República Dominicana, Estados Unidos, Brasil, Venezuela, Costa Rica, Bolivia, Guatemala, Grecia y Egipto. En su estado natal, en la ciudad de Zamora, organiza el famoso Encuentro Internacional de Poetas, que lleva más de 50 invitados por año y ya cuenta con 22 ediciones en su haber.

El pasado martes 21 de agosto, Reséndiz Carmona visitó el Instituto Milenio Villa Allende para compartir una charla con los alumnos de cuarto, quinto y sexto año del secundario.

El Milenio: ¿Cómo llegó la poesía a tu vida?

Roberto Reséndiz Carmona: La poesía llega a mi vida por culpa de las mujeres. De chico era muy desdeñado, medía 1,49 metros y me sentía feo y chaparro. No sabía cantar, no sabía bailar, no sabía tocar la guitarra. No tenía ninguna cualidad atractiva y, lo peor, no llevaba ni un peso en la bolsa. Era un drama para mí. Después de ser tan rechazado en la vida, uno empieza a ensimismarse, a aislarse, así que me volqué en el papel y comencé a hacer algunos garabatos.

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EM: ¿Recordás cuál fue tu primer poema?

RRC: Cuando uno empieza a escribir no sabes si realmente estás haciendo poesía o qué estás haciendo. Uno escribe por necesidad, de manera casi inconsciente. A los cinco años, yo hacía cartas de amor y las depositaba en el buzón de una casa abandonada. No sé por qué lo hacía, quizás pensaba que las cartas eran demasiado intensas para que las escucharan los adultos, y lo cierto es que generalmente los adultos les arruinan esas cosas a los niños. Así que mis primeros poemas o escritos eran para mujeres.

EM: ¿Y funcionó alguno?

RRC: Pasaron como doscientos años, pero al final, sí.

EM: ¿Cómo te formaste?

RRC: Yo soy cirujano dentista de profesión, a eso me dediqué (hoy ya estoy jubilado), pero el dentista y el poeta siempre convivieron. Uno era muy maldito, porque los dentistas y los médicos en general vivimos del dolor de los demás y hacemos sufrir a mucha gente, pero luego le cedía el espacio al poeta para sanar un poco todo eso. Era como el yin y el yang.

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EM: ¿Cuál crees que es el significado de la poesía en tu vida y en la de los jóvenes?

RRC: Para mí la poesía es mi vida, yo vivo para la poesía. Me encantaría que los jóvenes también lo hicieran, pero es muy complicado. Es un proceso largo el que lleva a una persona a meterse en cualquier rama del arte, tiene que apasionarte para que sigas haciéndolo el resto de tu vida independientemente de las cuestiones económicas.

Lamentablemente, en todos los planes de estudio de Latinoamérica e Hispanoamérica la poesía y la literatura, incluso la filosofía, han ido desapareciendo. Por eso estoy convencido de que, al margen de la labor que le corresponde al Estado y a las instituciones educativas, nosotros, como seres humanos, escritores, poetas, tenemos la obligación de compartir y sembrar la palabra en diferentes espacios, sobre todo en los ámbitos educativos.

Yo me considero un sembrador y es una tarea que realmente vale la pena hacer, aunque sea difícil, porque tenés que luchar contra toda una serie de problemas que los chicos vienen arrastrando desde los primeros grados. Les enseñan que dos por dos es cuatro y vamos a lo sólido, a lo concreto, a lo que debe ser, lo comprobable. Entonces de repente vos les das un poema y ellos te preguntan ¿para qué sirve la poesía? Hay cosas que empiezan a perderse, pero nosotros no nos rendimos y seguimos difundiendo la palabra. Siempre es mejor hacer algo, que no hacer nada.

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EM: ¿Cómo surgió el Encuentro Internacional de Poetas de Zamora?

RRC: Justamente por esto que venía diciendo. A mí me apasiona la poesía y siempre he pensado que no debemos dejar a las instituciones educativas y culturales o al Estado toda la carga de su difusión y promoción, uno como ciudadano debe aportar algo a su comunidad.

Por eso inicia el Encuentro de Poetas en Zamora, para invitar a escritores de todo el mundo y que el público en general (y principalmente los jóvenes) tengan acceso a los poetas, conozcan nuevas voces y se enganchen con la poesía. Invitamos alrededor de cincuenta escritores por edición (siempre igual cantidad de hombres y mujeres) y el primer día van a dar lecturas a los colegios. En cada encuentro llegamos a cinco mil alumnos.

Todo se financia con donaciones que recibimos a través de una asociación civil que actualmente yo presido. Los poetas invitados no tienen que pagar nada, nosotros les proveemos alimentación y hospedaje para que ellos puedan compartir lo que hacen.

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Además, en las últimas ediciones también publicamos una antología con poemas de los invitados. Este libro tampoco se vende, la mitad de la tirada se la llevan los poetas y la otra mitad se distribuye instituciones educativas y culturales, sobre todo apuntando a los jóvenes porque queremos seguir motivándolos e impulsando su gusto por los libros y la lectura.

EM: ¿Cuáles son las mayores satisfacciones que te ha dado la poesía?

RRC: Lo más valioso que me ha dado la poesía es la gran cantidad de ser humanos maravillosos que he conocido gracias a ella, personas generosas que me han abierto las puertas de sus casas y sus corazones. Conozco a más de dos mil poetas en el mundo y he dado alrededor de doscientos recitales de poesía a lo largo de mi vida. He viajado por muchos países de América y Europa y conocer el mundo haciendo lo que te gusta, es algo increíble.

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