Atravessando fronteiras: bem vindo Brazil


Traspasar el área de confort , probar comidas y sabores diferentes, conocer personas, abrir la mente, son algunas de las tareas al momento de poner un pie en otro país. Se requiere de ánimos, ímpetu y muchas ganas y los estudiantes de Brasil que llegaron al IMVA lo saben.

Angelita Dal Piva es el nombre de la docente que acompaña a los estudiantes de intercambio que llegaron desde Brasil, las tierras de la samba, la capoeira , los carnavales y también de esas playas bañadas de vitalidad. Seis jóvenes arribaron a suelo cordobés para vivir una experiencia de intercambio escolar en el Instituto Milenio Villa Allende.

Todo comienza cuando las escuelas de los distintos países se ponen en contacto y definen, paso a paso, cómo hacer un intercambio que habilite la integración y el conocimiento de nuevas culturas, costumbres, los modos ajenos de ser de las familias y de vivir el día a día.

Ayer los estudiantes de Brasil pisaron suelo argentino, o para ser más precisos, suelo cordobés. El traslado no fue fácil, los malestares del clima demoraron algunas precisiones del viaje pero llegaron al Aeropuerto. De ahí, los nervios se hicieron latentes, había llegado el momento de ir a un nuevo hogar, conocer nuevas caras, ser un nuevo hermano o un hijo o un compañero y amigo.

«Hay todo un interés en conocer el idioma y manejarlo, es lo que ellos aprenden en el colegio de su país donde tienen dos horas semanales de castellano en el ciclo de especialidad. Lo primero es que desarrollen el idioma, pero en un proyecto de intercambio como éste donde van a casas de familias, se integran y forman parte de ella, el intercambio va mucho más allá de aprender un idioma», expresó Angelita Dal Piva.

«Traspasar límites geográficos también implica trasponer sus propios límites, sus fronteras por timidez, por prejuicios en relación a otra cultura, por comodidad en lo suyo, ir a otra casa, otro lugar, cómo portarse, vestirse, cómo varían los valores, las casas y familias», indicó la docente en diálogo con el IMVA y agregó: «Convivir y compartir va mucho más allá del idioma. Superar estas fronteras nos aproximan, son un poco nuestras ya, no es más la del otro. Siempre digo, tengo una hermana en Argentina».

Los límites se superan y lo desconocido todo lo modifica, y también las emociones juegan un rol importante en el viaje. «Se potencian ciertas cosas, hay chicos del intercambio que originariamente en Brasil son más callados, no hablan mucho y acá viven otra cosa, están bien, hablan, se ríen. Otros, en Brasil se los ve bien y acá capaz que les da como un bajón, como que se le caen muchas cosas que no están bien. Un año tuve la experiencia de una chica que estando aquí (en Córdoba) vio las cosas diferentes, fue una experiencia de mirar su vida desde lejos. Muchos vienen a esta experiencia y se transforman, se liberan y a otros les hace reflexionar mucho», finalizó Angelita

El intercambio estudiantil brinda una libertad donde se puede vivir un otro yo, liberarse de una manera distinta

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