Mis abuelos cuentan, un ciclo que cierra pero prevalece

La convocatoria lanzada por Audiovisuales Milenio terminó provocando la participación de 700 personas detrás de cámara, 40 relatos de abuelos y abuelas que forman parte de la comunidad educativa, e innumerables aprendizajes y reflexiones de cada palabra, de cada fotografía antigua hoy revivida y resguardada en un formato audiovisual. En este ciclo de cortometrajes los adultos mayores le pusieron voz y experiencia a la vida en medio de la pandemia.


Con el capítulo 40, Beatriz Susana Busso cierra el Ciclo de Mis Abuelos Cuentan, compartiendo momentos de su infancia en la ciudad de los artistas. Hija de inmigrantes italianos Busso nació en Unquillo. Y ya que en ese entonces no había jardín de infantes ingresó al colegio primario Dalmacio Vélez Sarfield con 4 años.

Se convirtió en la socia más pequeña de la Biblioteca Popular Sarmiento, anteriormente ubicada frente al cine teatro Rivadavia. No había televisión ni celulares, pero si habían cámaras para resguardar esos momentos para siempre. Este relato audiovisual es uno de los tantos cortometrajes que integran el ciclo especial «Mis Abuelos Cuentan», dedicado y realizado con todos los adultos mayores de la comunidad educativa de la Fundación Josefina Valli de Risso.

La convocatoria lanzada por Audiovisuales Milenio generó 40 relatos (que involucró la participación de 700 personas estimativamente), de los cuales se desprenden varias reflexiones sobre el significado de ser abuelo o abuela. Una de esas reflexiones la comparte Susana, una de las participantes del ciclo que retrata este rol familiar como «el hilo transmisor». Para ella ser abuela significa «abuelar», es decir, «brindarles todo lo que no pudimos brindarles a nuestros hijos. El tiempo sin prisa para estar con ellos».

Por su parte, Celso Difilippo protagonizó la última y emocionante reflexión sobre este significado. «Desde que un bebé recién nacido nos agarra con su poderosa manito un dedo de una mano, ya nos convertimos en abuelos», indica Celso y mientras ríe a cámara dice: «Con una sonrisa nos destruyen los desánimos, los cansancios, nos olvidamos que nos duele todo».

La iniciativa de reunir recuerdos de los adultos mayores partió de una primera inmersión del equipo Audiovisuales Milenio hacia las familias de la comunidad educativa. Un pequeño ciclo que versaba sobre las experiencias iniciales en la cuarentena. «La experiencia fue tan motivadora y apropiada en este contexto adverso, que al terminar ese ciclo, pensamos en enfocarnos en las personas más vulnerables frente a la pandemia: los adultos mayores», indicó Cristian Salas director de cine en Audiovisuales Milenio.

Para el espacio, “Mis abuelos cuentan” es un título polisémico. Salas indica: «Por un lado, a partir de 2 o 3 fotos del baúl de los recuerdos los abuelos nos relatan momentos de su vida que invitan a mirar hacia el pasado, y especialmente a los mejores momentos. Por otro, el concepto de ‘contar’ también apunta a la inclusión real; es decir, mis abuelos ‘cuentan’ como personas que ocupan un lugar con voz en nuestra sociedad y son dignos de ser escuchados».

Los relatos fueron editados y contextualizados con material de archivo de cada época revivida. Desde las migraciones, recuerdos de parques, costumbres, fiestas, ropa, modos de entretenimiento y lugares profundamente distintos, implicaron un trabajo de construcción del universo histórico que emanó cada imagen, dando lugar a «un material nutrido de condimentos (historias personales e historias de la sociedad según las décadas recordadas). Finalmente nos embarcamos en un trabajo muy elaborado donde los protagonistas se convirtieron en verdaderos productores audiovisuales».

¿Porqué recordar?

«Cuando el horizonte es incierto y adverso, el añorar buenos tiempos no solamente debe ser un reflejo, sino el lugar donde tomar fuerzas para recuperar la esperanza. Creo que nuestros abuelos han pasado tantas circunstancias en su vida que podemos aprender de ellos, de los errores y los aciertos. Son los que construyeron el ‘asfalto’ de las calles que antes eran de tierra. Pienso que su voz es importante en estos momentos. Tal vez sean los más vulnerables al Covid, pero los mejores preparados para vencer situaciones difíciles».

Para cerrar, en estos tiempos de videos y fotografías instántaneas y fugaces, alejadas del papel impreso, de la posibilidad de materializarlas, las fotografías antiguas se convierten en otro tipo de representaciones. «En la época de juventud de nuestros abuelos una fotografía era algo muy valorado y poco usual. Hoy, a partir de las redes y los celulares hay una saturación de imágenes que fluyen tan velozmente como el tiempo. Y si bien, siguen siendo instantes congelados, no nos detienen a observar y reflexionar como antes. Creo que es muy positivo el acceso al registro, pero hay que resignificar su uso».

«Todos los relatos han sido entrañables y conmovedores. En lo personal, la historia que más me conmovió fue la que narra un abuelo que cuando niño compartió su regalo de navidad con un amigo de la infancia y que nunca se lo contó para que no se pierda la ilusión y la magia», compartió el director del ciclo», recordó Salas y cerró: «Creo que los adultos mayores pueden y deben utilizar los medios de comunicación y las redes sociales porque son las personas que realmente tiene muchas cosas para aportar».

Un entrañable y gran saludo a todos los abuelos y abuelas de la comunidad.

¡Gracias!


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